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Hablemos de Muay-Thai (Parte 1)

Este es el último artículo del año, y espero que te guste.

Soy Roberto y les cuento una historia que leí hace tiempo en la revista Men´s Health

Aunque le hemos dado un toque personal.

Trata sobre los métodos de entrenamiento de Alan Belcher, un conocido luchador de Muay Thay, la lucha callejera tailandesa.

Espero que os guste.

La carretera de los Gimnasios

El retrato casi de tamaño real del cantante tatuado en el antebrazo izquierdo de Alan Belcher se cocina en el calor del mediodía, pero el campeón de la UFC, apenas se da cuenta de esto mientras se recarga en las cuerdas tricolores que rodean el ring.

Su sparring llega tarde y conforme la temperatura se eleva bajo el techo de bambú y aluminio del gimnasio al aire libre, también la impaciencia de Belcher crece.

Y es entonces cuando se produce la acción: Alan se levanta en cuanto apa­rece Lamsongkram , alias Lam Chuwattana, por la puerta del gym.

Con su 1.80 de estatura y sus 70kg. de peso, Lam es 5 cm. más bajo y 30kg más ligero que Belcher.

No obstante hay que tener en cuenta el palmarés de ambo; 17 victorias de Belcher en la UFC, por las 245 de Lam (51 de ellas por knock-out) en la feroz y competida liga de Muay Thai, de Tailandia. Lam no es ninguna ovejita.

Pero por la mirada de Alan, sabe que le van a dar una buena lección. “A eso vine, para aprender del mejor”, comenta, al tiempo que Lam da saltitos para calentar con un corte elevado que hace poco por cubrir sus abultadas pantorrillas y cuadríceps esculpidos por décadas de patadas altas, barridos y llaves asfixiantes.

La camiseta negra amarrada en la cabeza de Lam ondea cuando se agacha para pasar bajo las cuerdas y salta al ring.

” El Muay ThAi es un deporte muy exigente’,dice Belcher, se pone sus guantes mientras Lam calienta y explica: ‘Estos entrenadores son increíbles, pero también malvados. Es verdad que ríen mucho, pero detrás de esos ojos ale­gres, hay unos asesinos fríos como la roca. Eso me encanta*.

Este es el tercer viaje que Belcher realiza a Tiger Muay Thai. una de las 7 casass de pelea enclavadas a lo largo de Sol-Ta-iad, una congestionada autopista en las afueras de Phuket. Es conocida por los locales como la ‘Carretera de los Gimnasios”

carretera-gimansios

Durante mucho tiempo apreciada por los mochileros y bañistas europeos, la mayor isla de Thailandia atrae ahora un nuevo tipo de turismo al que no le impor­tan los clubes nocturnos y los hoteles de lujo.

Luchadores profesionales aspirantes a dominar las artes marciales, y entusiastas del ejercicio de todo el mundo (más de 20.000 por año) convergen en este kilómetro y medio de carretera para intercambiar golpes con los atletas del Muay Thai.

Belcher podría contarse entre los más famosos de estos peregrinos pugilistas, pero al igual que el resto de ellos, tiene la espe­ranza de que unas cuantas semanas con luchadores como Lam lo transformarán de un buen luchador a un guerrero invencible.

“¡Vamos a ello!”. dice Alan. Entonces Lam se coloca un par de cojinetes en los antebrazos, sonríe y lanza rugidos, como invitando a Belcher al combate

GOLPEA TODOS LOS ÁNGULOS

El Muay Thai convierte todo tu cuerpo en un arma, y las peleas son una combinación de puños, codos, rodillas y espinillas, por lo que este deporte también es conocido como “el arte de los 8 miembros. Una buena movilidad no es solo una ventaja, sino la clave de la supervivencia.

“Debes rotar tus caderas con cada ataque y bloquear”, explica Belcher.

A diferencia de las disciplinas más extendidas, el Muay Thai es prácticamente una tradición local de un país, lo que hace que el do­minio de los cojinetes de entrenamiento sea una habilidad rara fuera de Thailandia.

“Nadie en mi gimnasio lo hace como lo hacen aquí”, dice Bclcher, mientras sus patadas van siendo más comple­jas. “¿Ves cómo Lam baila a mi alrededor?

Me está forzando a pa- teary golpear con una gran variedad de movimientos. No ves esta clase de técnica en ningún otro sitio sino en Tailandia”, asegura.

Lam nota que baja un poco el esfuerzo de Belcher y se abalan­za sobre él, exigiéndole 20 patadas más. Empapado en sudor. Alan suelta una risita, planta su pie izquierdo y comienza a patear con velocidad los cojinetes con la extremidad derecha.

“Me había vuelto arrogantey flojo”, reconoce Belcher, mien­tras cojea hacia una esquina del ring, jadeando. Lam se quita los cojinetes y en seguida vierte agua sobre la cabeza de Belcher, le frota hielo en las costillas. “Ninguna de esas cualidades tiene futuro aquí”, dicen Alan “literalmente te corren a patadas muy rápido”.

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Esta es la primera parte de este extenso artículo ,si os gusta dejadnos un comentario.

En breve publicaremos la segunda parte.

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